
31/08/2025 l Interés General
La retrospectiva es implacable: las primeras respuestas del rubro se enfocaron típicamente en la eficiencia energética – un paso loable, sin duda, pero insuficiente ante la magnitud de lo que hoy enfrentamos. La narrativa del ‘edificio verde’ se popularizó, muchas veces encapsulada en certificaciones que, aunque valiosas, no siempre garantizan una resiliencia intrínseca frente a eventos extremos o una huella de carbono integralmente reducida a lo largo del ciclo de vida útil de la edificación. La pregunta ética fundamental es: ¿están estos esfuerzos genuinamente mitigando riesgos para las comunidades o son, en parte, una estrategia de diferenciación de mercado que eleva los costos de acceso a una vivienda ‘adaptada’, dejando a los segmentos más vulnerables aún más expuestos? Los eventos climáticos extremos en la región Mercosur, desde sequías prolongadas en el Gran Chaco hasta inundaciones recurrentes en las cuencas del Paraná y Uruguay, nos recuerdan que la vulnerabilidad estructural no se resuelve con soluciones de fachada.
Desde una perspectiva técnica, la insuficiencia de los datos históricos climáticos para predecir escenarios futuros se ha convertido en un cuello de botella para ingenieros y arquitectos. Los códigos de construcción, históricamente anclados en proyecciones pasadas, luchan por integrar parámetros dinámicos de diseño que consideren cargas de viento atípicas, regímenes de precipitación intensificados o rangos de temperatura extendidos. La durabilidad de los materiales frente a ciclos de humedad y sequía más agresivos o la corrosión acelerada en ambientes costeros son desafíos que exigen una investigación y desarrollo local robusta, más allá de la mera especificación de productos importados. La verdadera adaptación no es solo una cuestión de nuevos materiales o diseños ‘inteligentes’; es una reevaluación profunda de la planificación territorial, de la infraestructura existente y, fundamentalmente, de cómo la ética profesional se traduce en decisiones constructivas que prioricen la seguridad y la equidad sobre el beneficio a corto plazo o la mera imagen. La construcción en el Mercosur está en una encrucijada crítica, y el camino a seguir exige menos adornos y más hormigón de pensamiento crítico.