La corrosión del acero exige decisiones de protección que condicionan seguridad, durabilidad y sostenibilidad de las estructuras. Emmanuel Ramírez, Director Técnico Latinoamérica de American Galvanizers Association, abordó los elementos que definen la agresividad de cada entorno y el aporte del Galvanizado por Inmersión en Caliente (GIC), según los datos difundidos por Negocio & Construcción.
Factores ambientales que aceleran el deterioro
La humedad relativa marca el comportamiento de la corrosión atmosférica: por debajo de ~60% resulta despreciable, pero crece con la condensación, la precipitación y los contaminantes que forman electrolitos agresivos. También inciden la temperatura y las condiciones locales dentro de aproximadamente 1 km de la estructura. La agresividad se clasifica con normas como ISO 9223, 9224, que orientan la selección de sistemas de protección.
Desempeño y sostenibilidad del recubrimiento
El GIC une metalúrgicamente el zinc al acero y suma barrera, protección catódica y resistencia a la abrasión, con capacidad de resguardar el metal expuesto hasta una distancia de 6mm si el recubrimiento se daña. En aplicaciones en suelo, su vida útil con frecuencia supera los 75 años con buena permeabilidad y ciclos húmedos-secos. El proceso emplea materiales reciclables, no genera COVs y reduce reparaciones y reemplazos, mientras herramientas como los diagramas de tiempo hasta el primer mantenimiento permiten prever el desempeño según el sitio.




