
31/08/2025 l Interés General
El cambio no es una casualidad; es el resultado de la confluencia de tecnologías emergentes y una demanda creciente por la optimización de recursos. La modelización de información para la construcción (BIM, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como la columna vertebral de esta metamorfosis. Ya no se trata solo de un diseño 3D, sino de una base de datos inteligente que integra cada componente de la obra, desde las dimensiones exactas hasta las propiedades de cada material, permitiendo un cómputo métrico casi instantáneo y exento de errores humanos. Se estima que, a nivel global, los proyectos que implementan BIM de forma integral reportan una reducción promedio del 15% en el desperdicio de materiales y un ahorro de hasta el 10% en los costos totales del proyecto, según un informe de la consultora McKinsey & Company de 2024.
Mirando hacia el horizonte, las proyecciones a largo plazo son aún más elocuentes. Para 2030, se espera que el 80% de los proyectos de construcción a gran escala y el 50% de los de menor envergadura a nivel global incorporen alguna forma de cálculo predictivo asistido por IA o BIM. Esta tendencia no solo promete una reducción drástica en los costos de construcción –algunos analistas proyectan ahorros de hasta el 20-25% en el mediano plazo solo por gestión de materiales–, sino que también tiene un impacto ambiental significativo. Al evitar el desperdicio, se reduce la huella de carbono asociada a la producción, transporte y desecho de materiales, alineándose con los objetivos de construcción circular que cada vez ganan más terreno. Para el consumidor, esto se traduce en una transparencia sin precedentes. La posibilidad de acceder a presupuestos detallados y verificables, con una justificación clara de cada material y su cantidad, elimina la incertidumbre y construye confianza. Ya no se trata solo de elegir al mejor constructor, sino de entender cómo se gestiona su dinero. La nueva era de cálculo de materiales es, en esencia, una promesa de eficiencia y previsibilidad que está redefiniendo los cimientos de la industria, haciendo que la obra soñada sea no solo posible, sino también calculablemente perfecta.