
31/08/2025 l Obra pública
Desde la Puna jujeña hasta la estepa patagónica, la diversificación de la matriz energética en obras públicas es un hecho regional. En el Norte Grande, por ejemplo, los techos de nuevas escuelas y centros de salud se visten de paneles solares, no solo abaratando costos operativos sino también proveyendo energía estable en zonas históricamente vulnerables. En el Sur, la fuerza del viento se capitaliza en proyectos de iluminación pública autónoma y en la alimentación de pequeñas infraestructuras comunitarias, reduciendo la dependencia de la red central y ofreciendo soluciones robustas.
Pero la sustentabilidad va más allá de solo generar energía. En la región Centro y Cuyo, se observa una fuerte tendencia a la incorporación de diseños bioclimáticos, materiales de bajo impacto y sistemas de recuperación de agua en la construcción de edificios públicos, como ministerios y juzgados. Esto no solo se traduce en ahorros significativos a largo plazo, sino que también establece un estándar para el desarrollo urbano privado. El mercado responde con una oferta cada vez más sofisticada de productos y servicios: desde empresas consultoras especializadas en certificación LEED para obras públicas, hasta proveedores de sistemas de gestión energética inteligentes que optimizan el consumo en tiempo real.
Este viraje es una victoria para todos. Para el Estado, significa presupuestos más eficientes y una menor exposición a la volatilidad de los precios energéticos. Para el sector de la construcción, abre nuevas líneas de negocio y fomenta la capacitación en técnicas y tecnologías de vanguardia. Y para la ciudadanía, implica disfrutar de infraestructuras más modernas, saludables y responsables con el entorno. Estamos presenciando cómo la visión a largo plazo y la lógica de mercado se alinean para forjar un futuro público mucho más brillante y, sobre todo, más verde.