
31/08/2025 l Arquitectura
El adobe, ese ladrillo de tierra cruda moldeado y secado al sol, es quizás el embajador más icónico de esta corriente. Con una historia que se remonta a milenios, su presencia es una cicatriz viva en el paisaje cultural del noroeste y centro de Argentina. Hoy, gracias a estudios técnicos y una conciencia creciente sobre la eficiencia energética, el adobe está dejando de ser solo un testimonio del pasado para convertirse en un material activo en proyectos contemporáneos. ¿Sabías que una pared de adobe de 40 cm de espesor puede reducir significativamente la necesidad de calefacción y refrigeración? Su alta inercia térmica actúa como un regulador natural, manteniendo los interiores frescos en verano y cálidos en invierno. Según relevamientos recientes de colectivos de arquitectos especializados en bioconstrucción, se estima que el uso de tierra cruda en nuevas construcciones residenciales y comunitarias ha visto un incremento del 18% en los últimos cinco años en provincias como Salta, Jujuy y Mendoza, impulsado por programas de vivienda social, agroturismo y, sí, también por la búsqueda de una estética auténtica y un confort inigualable.
Y qué decir de la madera, la eterna noble. Desde las coníferas de la Patagonia hasta las maderas duras del Litoral y el Norte, este material renovable está experimentando un verdadero auge. Ya no hablamos solo de techos y aberturas, sino de estructuras completas, con la aparición de la madera laminada cruzada (CLT) y la revalorización de técnicas constructivas como el *balloon frame*. La industria maderera nacional ha visto un crecimiento constante. Datos de la Cámara Argentina de la Madera (CAMA) indican un aumento anual sostenido del 7% en la utilización de madera para estructuras residenciales y comerciales livianas en el último lustro, impulsado por su rapidez de montaje, bajo impacto ambiental y una percepción de calidez que ningún otro material logra igualar. En Misiones, por ejemplo, los módulos prefabricados en madera están revolucionando la construcción de viviendas rurales y turísticas, aprovechando los bosques gestionados de forma sostenible.
Desde la fortaleza térmica del adobe en el árido oeste, pasando por la ligereza sismo-resistente de la quincha en el centro-oeste, hasta la versatilidad estructural de la madera que abraza nuestra geografía de norte a sur, estas técnicas vernáculas son más que una moda; son una declaración de principios. Nos recuerdan que la arquitectura puede ser potente, profundamente arraigada y a la vez, increíblemente visionaria. Es el pulso de la tierra en cada pared, la historia en cada viga, y la promesa de un futuro donde construir bien significa construir con sabiduría. ¡A conectar con nuestras raíces y energizar la construcción del mañana!