La Villa Ortiz Basualdo, edificada en 1909 por una familia de la aristocracia porteña, se destaca como una de las construcciones veraniegas más importantes y emblemáticas de Mar del Plata. Originalmente diseñada para uso estacional, la residencia combina una estructura imponente con un interior que refleja diversas corrientes arquitectónicas y técnicas innovadoras para la época.

Características arquitectónicas y técnicas

La villa contaba inicialmente con 50 ambientes, cifra que se duplicó en la década siguiente, sumando alrededor de 100 espacios totales. Una parte considerable estaba destinada a áreas de servicio con circulaciones y habitaciones propias para el personal doméstico, señalando un sistema funcional complejamente jerarquizado. El exterior presenta un estilo pintoresquista típico de las villas de verano del siglo XX, mientras que el interior conjuga elementos neoclásicos, neogóticos, modernistas y de art nouveau. Destaca, entre sus avances técnicos, la instalación del primer ascensor privado en una residencia de Mar del Plata, un detalle notable para una casa de uso estacional. Sin embargo, nunca contó con sistema de agua caliente, acorde a su funcionamiento exclusivamente veraniego.

De residencia privada a espacio cultural

Hasta mediados de los años 70, Villa Ortiz Basualdo se mantuvo como vivienda particular. Posteriormente, por las dificultades de mantenimiento, fue cedida al municipio y en los años 80 se transformó en la sede del Museo Municipal de Arte Juan Carlos Castagnino. Este museo alberga cerca de 600 obras que incluyen pintura, dibujo, grabado, escultura y fotografía, además de una exposición permanente dedicada al artista marplatense que da nombre a la institución. Hoy, el edificio es un espacio público dedicado a la cultura y a la interpretación del patrimonio arquitectónico local.

Funciones actuales y valor patrimonial

Actualmente, Villa Ortiz Basualdo ofrece visitas guiadas por sus principales salones, las áreas de servicio, el parque y el entorno urbano. Estas recorridas permiten comprender las formas de vida y las jerarquías sociales de la élite veraniega de principios del siglo XX, así como el desarrollo urbano y cultural de Mar del Plata. La residencia se erige así como un monumento clave para entender la historia y el patrimonio construido de la ciudad.