
31/08/2025 l Interés General
La esencia de un edificio en altura radica en su capacidad de transferir las cargas, tanto verticales (peso propio, mobiliario, personas) como horizontales (viento, sismo), desde el punto más alto hasta el suelo firme de manera segura y eficiente. Este proceso se articula a través de un sistema interconectado de elementos. Las fundaciones, el anclaje inicial al terreno, son críticas; su diseño se basa en estudios geotécnicos exhaustivos para garantizar la distribución de las cargas sobre una base estable. Por encima, los elementos verticales principales son las columnas y los muros estructurales (también conocidos como tabiques o pantallas). Las columnas soportan cargas axiales, mientras que los muros, especialmente en edificios altos, son fundamentales para resistir las fuerzas laterales. Los elementos horizontales, como las losas y las vigas, cumplen la función de transmitir las cargas a las columnas y muros, además de proporcionar la rigidez necesaria a cada nivel.
En Argentina, la aplicación rigurosa de los Códigos CIRSOC (Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles) es mandatoria. Específicamente, el CIRSOC 101 establece las acciones básicas del viento sobre las construcciones, mientras que el CIRSOC 103 aborda el diseño sismorresistente. Este último es particularmente vital en regiones como Cuyo, Salta o Jujuy, donde la actividad sísmica exige soluciones estructurales robustas como la implementación de núcleos rígidos centralizados o sistemas de arriostramiento. Los sistemas estructurales más comunes en edificios de altura incluyen los pórticos resistentes a momento, donde la rigidez se logra mediante la unión de vigas y columnas; los sistemas de muros de corte, que proporcionan gran resistencia a fuerzas laterales; y las combinaciones de ambos, conocidas como sistemas duales, que ofrecen un equilibrio óptimo entre rigidez y ductilidad. Según datos recientes del sector, se estima que más del 70% de las nuevas construcciones de gran altura en el Área Metropolitana de Buenos Aires y sus principales conurbanos adoptan sistemas duales de hormigón armado, un testimonio de la búsqueda de la máxima seguridad frente a las condiciones impuestas por el entorno urbano y geográfico.
Desde una perspectiva crítica, el diseño estructural de edificios en altura no es solo una cuestión de resistencia, sino de optimización y resiliencia. El desafío constante para ingenieros y arquitectos reside en equilibrar la seguridad con la eficiencia de los materiales, los costos de construcción y el impacto ambiental. La visión a futuro de la construcción vertical en Argentina debe incorporar no solo la adaptación a normativas más estrictas frente a eventos climáticos extremos o sísmicos más frecuentes, sino también la integración de tecnologías emergentes. Hablamos de materiales compuestos, hormigones autocompactantes y la aplicación de la inteligencia artificial para el modelado y simulación estructural, que permiten predecir comportamientos complejos y optimizar diseños con una precisión sin precedentes. La monitorización estructural en tiempo real, ya implementada en algunos proyectos piloto en CABA, se proyecta como estándar para la próxima década, permitiendo detectar vulnerabilidades antes de que se conviertan en fallas. La resiliencia urbana depende intrínsecamente de la solidez de su andamiaje vertical; por ello, la inversión en investigación, desarrollo y capacitación continua en principios estructurales es fundamental para asegurar el futuro seguro y eficiente de nuestras ciudades.