El Reloj de la Obra: ¿Cuánto Tiempo Lleva Realmente Construir una Vivienda?
Tradicionalmente, la construcción de una vivienda unifamiliar en Argentina bajo el método convencional (ladrillo y hormigón) puede oscilar significativamente. Si bien es arriesgado dar una cifra exacta sin conocer las particularidades de cada proyecto, un plazo razonable se sitúa entre los 8 y los 18 meses, una vez obtenida la totalidad de los permisos de obra. Este rango es amplio porque intervienen múltiples variables. Entre ellas, la burocracia y los tiempos de aprobación municipal o provincial son un factor de peso. La gestión de permisos, estudios de suelo y habilitaciones puede añadir varios meses al inicio de la obra, una realidad compartida en varias jurisdicciones del Mercosur donde la tramitología aún no ha alcanzado niveles óptimos de digitalización y agilidad. Otro factor determinante es la disponibilidad y la logística de materiales. Fluctuaciones en los precios del dólar, la oferta de insumos básicos como cemento, hierro o aberturas, e incluso la escasez estacional de mano de obra especializada, pueden generar retrasos no previstos. El clima, particularmente en regiones con inviernos rigurosos o temporadas de lluvias intensas, también impacta directamente en el avance de la obra, obligando a pausas forzadas que alargan los tiempos de finalización. Finalmente, la propia complejidad del diseño arquitectónico, el nivel de terminaciones y las decisiones del propietario durante el proceso pueden extender el calendario, haciendo de cada obra una ecuación única.
Para el 2025 y más allá, una de las tendencias más disruptivas es la industrialización de la construcción. La adopción creciente de sistemas prefabricados y la construcción modular, que permiten fabricar gran parte de la vivienda en entornos controlados y luego ensamblarla en el sitio, está reduciendo drásticamente los tiempos de ejecución. Un proyecto modular de dimensiones estándar podría completarse en un plazo de 4 a 6 meses desde el inicio de la fabricación, una vez que el terreno esté preparado y los permisos iniciales resueltos. Esta metodología no solo acorta los tiempos, sino que también mejora la calidad y reduce los imprevistos en obra. Paralelamente, la digitalización de procesos, a través del uso de BIM (Building Information Modeling) para la planificación y gestión, y software de gestión de proyectos, permite una coordinación más eficiente entre los distintos actores, minimizando errores y retrabajos que tradicionalmente eran fuentes de demora.
Otras innovaciones, como el desarrollo de nuevos materiales con tiempos de fraguado más cortos o sistemas de instalación simplificados, también contribuirán a optimizar los cronogramas. Desde la perspectiva del consumidor, la clave para mitigar la incertidumbre de los plazos radica en una planificación exhaustiva y en la elección de profesionales y empresas constructoras que ofrezcan contratos claros, cronogramas detallados y una comunicación transparente. Aunque los desafíos persisten, el horizonte tecnológico y metodológico sugiere que la espera por la casa propia podría ser, en el futuro cercano, más predecible y considerablemente más breve.
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