El cemento y el cristal de nuestras metrópolis ya no albergan la misma rutina de hace un lustro. Las oficinas, otrora bastiones de la permanencia individual, se transforman en organismos vivos, adaptándose a un paradigma laboral donde la flexibilidad y la eficiencia son las nuevas divisas. En este 2025, el modelo híbrido se ha consolidado como la norma, pero su evolución no se detiene en la mera alternancia entre el hogar y el centro de trabajo. La vanguardia en arquitectura corporativa apunta hacia un concepto aún más sofisticado: la oficina basada en actividades o ‘activity-based working’ (ABW). Esta metodología trasciende la asignación de un puesto fijo para cada empleado, proponiendo en su lugar una diversidad de zonas diseñadas específicamente para diferentes tipos de tareas, desde el trabajo concentrado e individual hasta la colaboración fluida y la interacción social. Es un cambio profundo que redefine no solo el espacio físico, sino la cultura organizacional misma, impulsando a las empresas a repensar cómo el diseño puede ser un catalizador directo de la productividad y el compromiso de sus equipos.
El enfoque ABW, lejos de ser una tendencia pasajera, se ha erigido como una estrategia consolidada en la optimización de los entornos laborales. Datos recientes del ‘Reporte de Tendencias Laborales LatAm 2025’ de la consultora Workplace Insights revelan que un 68% de las grandes corporaciones en Latinoamérica han implementado o están en proceso de adoptar modelos híbridos avanzados. De estas, un 42% ya está explorando o ha integrado elementos del ABW, evidenciando un claro viraje hacia la flexibilización espacial. Las ventajas son multifacéticas: estudios internos de compañías pioneras en Santiago y São Paulo reportan un incremento de hasta un 15% en la productividad de tareas que requieren alta concentración, gracias a la disponibilidad de zonas silenciosas y aisladas. Asimismo, la rotación de empleados ha disminuido en promedio un 8% en empresas que adoptan ABW, atribuible a una mayor autonomía y satisfacción en el entorno laboral.
La aplicación del ABW permite una utilización más inteligente del espacio, reduciendo la huella de oficina hasta en un 25% en algunos casos, lo que se traduce en ahorros operativos significativos. Esto es especialmente relevante en mercados con altos costos inmobiliarios como Ciudad de México o Buenos Aires. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos. Requiere una inversión inicial en diseño adaptable y mobiliario versátil, así como una gestión del cambio cultural robusta para asegurar que los equipos comprendan y adopten esta nueva forma de trabajar. La tecnología juega un papel crucial, con sistemas de reservas de espacios, sensores de ocupación y plataformas de comunicación integrada, que facilitan la navegación por estos entornos dinámicos. En definitiva, la oficina activity-based no es solo una nueva configuración arquitectónica; es un motor estratégico que, en el Chile y la Latinoamérica de 2025, está forjando organizaciones más resilientes, productivas y preparadas para el futuro del trabajo.