En la costa atlántica bonaerense, la pérdida progresiva de playa dejó de ser una mera advertencia científica para convertirse en un fenómeno palpable. Las sudestadas frecuentes y las mareas altas intensifican la erosión, afectando zonas muy concurridas como Playa Grande en Mar del Plata, y generando un desafío que combina factores naturales y humanos con impacto urbano y ambiental.

Dinámica natural y efecto del cambio climático

El fenómeno de retroceso costero tiene raíces en procesos naturales que, sin embargo, se ven acelerados por el cambio climático. La Corriente de Deriva Litoral desplaza arena de sur a norte, facilitando la regeneración habitual de playas tras cada sudestada. Sin embargo, este equilibrio se vulnera con la creciente frecuencia e intensidad de condiciones climáticas extremas y el aumento del nivel del mar.

Impacto de las obras costeras y manejo ambiental

La ejecución de obras como espigones, escolleras y rompeolas sin una planificación regional adecuada actúa como barreras que retienen la arena en ciertos sectores y privan a otros de su suministro natural. Este desequilibrio genera retrocesos de hasta dos metros por año en áreas críticas, con efectos adversos en viviendas, acantilados y sitios de valor científico, como el yacimiento paleontológico de Camet Norte. Además, prácticas cuestionables como la extracción de arena de zonas estables para rellenar áreas intermareales han acelerado la erosión.

Alternativas técnicas y necesidad de un enfoque integral

Los especialistas proponen soluciones técnicas más avanzadas, como espigones cortos y escalonados o rompeolas desvinculados, que permiten proteger la costa sin interrumpir el flujo sedimentario. Estas alternativas, ya en prueba en algunos sectores, representan un costo mayor pero ofrecen mejores resultados al integrar la defensa urbana, la actividad turística y la conservación ambiental. Se destaca la urgencia de un abordaje integral que combine ingeniería costera, protección ambiental y preservación del patrimonio urbano y natural.