La Columna Vertebral de la Verticalidad Urbana
La estructura de un edificio en altura opera bajo un sofisticado equilibrio de fuerzas. Las cargas verticales, principalmente el peso propio de la edificación (carga muerta) y el peso de personas y mobiliario (carga viva), son transferidas desde las losas a las vigas, de estas a las columnas y, finalmente, a la cimentación que las distribuye al suelo. Para edificaciones de gran envergadura en Argentina, el hormigón armado, a menudo combinado con acero estructural, sigue siendo el material predominante debido a su versatilidad, resistencia a la compresión y durabilidad.
No obstante, las cargas laterales son las que presentan el mayor reto en la concepción estructural de los rascacielos. El viento, con su fuerza dinámica, ejerce presión y succión sobre las fachadas, pudiendo generar fenómenos complejos como el desprendimiento de vórtices. En regiones como el oeste de Argentina, la actividad sísmica añade una dimensión crítica, donde las estructuras deben diseñarse para absorber y disipar la energía de los terremotos, mitigando el riesgo de colapso. Los sistemas más comunes para contrarrestar estas fuerzas laterales incluyen marcos rígidos, muros de corte (o pantallas), y núcleos centrales rígidos que albergan ascensores y escaleras, actuando como una ‘columna vertebral’ del edificio. Para las alturas extremas, se emplean a menudo sistemas de ‘outriggers’ o ‘riostras’, que conectan el núcleo central con las columnas perimetrales a través de una o varias plantas, aumentando significativamente la rigidez flexional del conjunto y optimizando la distribución de las fuerzas de volcamiento. La correcta aplicación de las normativas de seguridad, como las series CIRSOC en Argentina, es fundamental para garantizar la integridad de estas construcciones ante eventos extraordinarios, exigiendo análisis detallados y coeficientes de seguridad adecuados.
Mirando a corto plazo, las proyecciones en Argentina sugieren una evolución hacia la integración de sistemas de amortiguación más sofisticados. Aunque los amortiguadores de masa sintonizada (TMD) son conocidos, veremos un mayor desarrollo e implementación de sistemas de amortiguación pasivos y semi-activos para mitigar las vibraciones inducidas por el viento y mejorar el confort de los ocupantes. Asimismo, el desarrollo de nuevos materiales compuestos y hormigones de ultra-alto desempeño promete estructuras más ligeras y eficientes, sin comprometer la seguridad. La digitalización, a través de la metodología BIM (Building Information Modeling), está revolucionando la coordinación entre las distintas disciplinas, permitiendo una detección temprana de incompatibilidades y una optimización de los procesos constructivos, lo que a su vez eleva los estándares de seguridad.
En un contexto nacional, la creciente densificación urbana en ciudades como Buenos Aires, Córdoba o Rosario, impulsará una revisión y actualización constante de los códigos sísmicos y eólicos. Se espera un énfasis en la evaluación de la interacción suelo-estructura, y en la durabilidad a largo plazo de los componentes estructurales frente a las condiciones ambientales locales. La seguridad se mantendrá como el pilar fundamental, garantizada por una rigurosa supervisión, control de calidad en obra y una continua inversión en investigación y desarrollo para edificar no solo más alto, sino también de forma más segura y perdurable.
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