El Baño Sentido: Aromas y Texturas que Transforman el Hogar
Los chilenos redefinen su espacio más íntimo, rescatando prácticas ancestrales y apostando por materiales y tecnologías que miman el planeta tanto como a sus usuarios.
El murmullo del agua, el tacto de una piedra pulida, el aroma de eucalipto… lo que antes era un privilegio de resorts, hoy se instala en nuestros hogares como una declaración de bienestar y compromiso. En 2025, el baño ha trascendido su función utilitaria para convertirse en un verdadero santuario personal. Esta evolución no es casual; responde a una creciente demanda de espacios que inviten a la desconexión y al autocuidado, pero con una mirada pragmática y consciente sobre el impacto de nuestras elecciones. Si volvemos la vista una década atrás, el baño era, en gran medida, un espacio funcional, casi un paso obligado. Hoy, la cosa cambió. Hemos visto un giro brutal en cómo los chilenos conciben este rincón. Según datos de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) de fines de 2024, un 65% de las remodelaciones residenciales en el segmento medio y alto incluyen algún elemento de ‘bienestar’ en el baño, versus solo un 20% en 2015. Ya no basta con una ducha potente; ahora se buscan experiencias. Las texturas son clave: desde la calidez del bambú en suelos y revestimientos a la frialdad serena del microcemento o piedras volcánicas nacionales. No es solo lo visual, es el tacto lo que importa. Y los aromas, ni hablar. De los desodorantes artificiales pasamos a difusores con aceites esenciales chilenos como el boldo o arrayán, o blends que evocan la Patagonia.
Pero ojo, este lujo sensorial no va de la mano con la ostentación irresponsable. La perspectiva es pragmática: invertir en el bienestar de uno y el del planeta. El desarrollo sustentable es el apellido de esta tendencia. Vemos cómo arquitectos y diseñadores chilenos están priorizando materiales con baja huella de carbono, como la madera certificada, el hormigón reciclado para superficies, o la implementación de sistemas de recirculación de agua para duchas, que según estudios de la Universidad de Chile, pueden reducir el consumo hídrico en un 30% promedio en un hogar. Las griferías de bajo caudal, que antes eran una novedad, hoy son el estándar. La iluminación LED con tonalidades cálidas y la maximización de la luz natural se integran para reducir el gasto energético. Es un equilibrio donde la salud personal se fusiona con la salud ambiental. Al final del día, transformar el baño en un spa es una declaración: es elegir un espacio que nutre cuerpo y alma, sin descuidar el impacto que dejamos en nuestro entorno. Un autocuidado que se extiende más allá de nuestra piel, llegando al ecosistema.
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